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Alertas y respuestas a enfermedades respiratorias: analogía entre Covid-19 e influenza

19/05/2020

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En los últimos cinco años se observaron variaciones con el inicio de mayor actividad respiratoria, que por lo general se da de mayo a agosto.
Los tiempos han cambiado y con la llegada del COVID-19 es de esperarse que surjan más cambios en el escenario epidemiológico que suponen nuevos desafíos.
La declaración de alerta busca anticipar sobre la ocurrencia de un posible riesgo, con la finalidad de incrementar la vigilancia y extremar las acciones de control, prevención y contención. Por el contrario, una alarma anuncia sobre una amenaza inminente.

A lo largo de estos años, la Dirección de Vigilancia de la Salud ha cumplido con la función de difundir alertas epidemiológicas a nivel país, con la intención de informar y alentar al personal de los establecimientos sanitarios y a toda la ciudadanía sobre la necesidad de intensificar estas acciones, garantizar asimismo el manejo clínico adecuado y brindar el tratamiento oportuno a los afectados ante probables complicaciones de salud que pudieran observarse.

A continuación, se expone el histórico de alertas de los últimos cinco años, emitidos desde Vigilancia de la Salud en torno a influenza y otras afecciones respiratorias, en los que se incluyen periodos, tendencias y medidas de prevención aplicadas en cada una ellas.

El 6 de mayo de 2016, se lanzó una alerta por enfermedad tipo influenza (ETI) e infecciones respiratorias agudas graves (IRAG), ante el importante número de consultas relacionadas a afecciones tipo influenza, de cerca de 135.000, situándose de esta manera en la franja de alerta del corredor endémico.

En el 2017, la emisión de alerta se efectuó el 10 de abril, un mes antes en relación al año anterior debido al aumento de casos de enfermedades tipo influenza con más de 103.660 notificaciones, cifra que se encontraba por encima de lo esperado para esa época del año, situándose de esta manera en la franja epidémica, con un incremento sostenido de notificaciones del 22% en la última semana.

Al año siguiente, en el 2018 se reportó un crecimiento del 32% en las notificaciones a nivel nacional, con una curva por encima del umbral estacional. En la oportunidad se registró un adelantamiento de al menos 2 semanas en el aumento de consultas, en comparación al registrado en la temporada anterior, hecho que apresuró la declaración de alerta.

En el 2019 se evidenció incremento de las Infecciones respiratorias graves asociadas al Virus Sincitial Respiratorio (VSR), siendo aún esporádicos los casos asociados a los virus de Influenza que referían en ese entonces un aumento paulatino.

Lo llamativo en esta temporada fue la intensidad y la magnitud de los casos del virus sincitial, mientras que la circulación de Influenza fue tardía, siendo el pico recién en agosto con circulación importante hasta setiembre

Las consultas por enfermedades tipo influenza acumuladas de diciembre 2018 a mayo 2019 ascendieron a 210.636, situando la curva de tendencia por encima del umbral epidémico. Posteriormente, en junio de ese año se emitió otra alerta, esta vez por “Circulación comunitaria sostenida de influenza con riesgo de impacto en la respuesta del sistema de salud”, luego de detectarse un abrupto aumento del 20% de consultas en solo una semana.

Históricos de los últimos cinco años

2015: 149.562 notificaciones (enero a mayo) – Alerta emitida el 26 de mayo.

2016: 134.958 notificaciones – Alerta emitida el 06 de mayo.

2017: 103.665 notificaciones – Alerta emitida el 10 de abril.

2018: 88.537 notificaciones (diciembre a marzo) – Alerta emitida el 21 de marzo por aumento de casos.

2019: 210.636 notificaciones (diciembre a mayo) – 1ra Alerta emitida el 10 de mayo.

2019: aumento del 20% de consultas en una semana – 2da. Alerta emitida el 05 de junio.

Históricamente el período que concentra el mayor número de casos de Infecciones Respiratorias Agudas se inicia a fines del mes de mayo, donde se evidencia el inicio de circulación activa del virus de influenza, extendiéndose hasta fines de agosto.

En todas las temporadas se identificó, además, circulación simultánea de otros virus respiratorios, como el Virus Sincitial Respiratorio, Influenza B, Adenovirus y Metapneumovirus humano.

En estos años, las medidas de prevención enfatizadas fueron el lavado de manos, la necesidad de cubrirse al toser y estornudar con el ángulo interno del codo o un pañuelo desechable, recordar no compartir cubiertos ni vasos y mantener la desinfección de picaportes, superficies y objetos de alto contacto.

El Dr. Guillermo Sequera, director de Vigilancia de la Salud considera que, para este año, existen probabilidades que el pico de notificaciones de influenza refiera un ligero retraso en relación a años anteriores, teniendo en cuenta que se encuentra en la puja del protagonismo el Covid-19.

En lo que va del 2020, a nivel país, las consultas por enfermedades tipo influenza se hallan por debajo de la curva epidémica. Las notificaciones acumuladas de diciembre de 2019 a abril de este año ascienden a 130.220.

Un siglo atrás: analogía entre el Covid-19 y la influenza

Un escenario similar en el que vivimos hoy, de vulnerabilidad, incertidumbre, aislamiento, cuarentena, uso de mascarilla, ensayos clínicos y falta de vacuna para combatir la amenaza de una nueva enfermedad, se experimentó hace más de un siglo atrás, en 1918, con la aparición de un virus desconocido en ese entonces: la influenza. Durante esa época se desataba la Primera Guerra Mundial.

En marzo de ese año, por primera vez en los Estados Unidos se detectaban brotes de enfermedades similares a influenza. Más de 100 soldados en Camp Funston (campo de entrenamiento del ejército de los Estados Unidos), ubicado en Kansas contrajeron el virus. Al cabo de una semana la cantidad de casos de influenza se quintuplicó.

Según describen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) desde la cronología histórica de la influenza pandémica, las condiciones de aglomeraciones y el desplazamiento de tropas propiciaron la propagación irregular de la enfermedad en el país estadounidense, posteriormente se extendió a toda Europa y posiblemente a Asía, en un periodo de solo seis meses.

“Entre septiembre y noviembre, una segunda ola de influenza alcanza su punto máximo en los EE.UU. La segunda ola es altamente letal y causante de la mayoría de las muertes atribuidas a la pandemia”, señalan. Para entonces, el Ministerio de Salud de Nueva York incorpora la influenza en la lista de enfermedades para ser reportadas y exige que todos los casos de influenza permanezcan aislados en sus respectivos hogares o en un hospital de la ciudad.

Octubre de 1918 fue uno de los meses que golpeó con dureza a Norteamérica; la pandemia de influenza se había cobrado la vida de 195.000 estadounidense. En ese entonces, cientos de cuerpos se hallaban a la espera de ser sepultados, morgues temporarias, cajones de embalajes utilizados como ataúdes, cierre de teatros, cines y escuelas, así como prohibición de reuniones públicas, cuarentena, exigencia del uso de mascarilla y el riesgo de transmisión del virus al momento de toser y estornudar, era el contexto que se desarrollaba a raíz del nuevo virus.

La vulnerabilidad de los adultos jóvenes sanos y la falta de vacunas y tratamientos causaron una gran crisis en la salud pública de aquel entonces que provocó 50 millones de muertes a nivel mundial, incluyendo alrededor de 675.000 decesos en los Estados Unidos.

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