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En medio de una epidemia de dengue se iniciaba la pandemia de COVID-19

08/03/2022

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El equipo del Programa de Entrenamiento en Epidemiología de Campo (PEEC), que conforma el equipo de respuesta rápida de la DGVS, fue esencial en la vigilancia de la COVID-19, trabajando en el seguimiento de viajeros provenientes de países denominados de riesgo en la primera etapa de la pandemia, la evaluación de los primeros casos, la investigación de brotes y la toma de muestras para el testeo.

El 30 de diciembre de 2019, China Continental informó acerca de la existencia de casos de neumonía grave de origen desconocido. Al día siguiente notificaron un brote importante de neumonía en el territorio asiático, puntualmente en la ciudad de Wuhan. Posteriormente se determinó que fue causado por un nuevo virus, afectando paulatinamente a otras zonas.

Se había hallado al SARS-CoV-2, que era el nuevo virus transmisor de una enfermedad relacionada al síndrome respiratorio agudo grave denominado COVID-19. El 12 de enero, China hace pública la secuencia genética del virus causante de la COVID-19.

Tras esa información, Paraguay intensificó sus controles en viajeros, principalmente en aquellos procedentes de Asia, al tiempo de mantener un constante monitoreo sobre la situación epidemiológica de China Continental y de otros países del mundo en el que se visualizaba la expansión acelerada del nuevo virus.

El 23 de enero de 2020 el país emite alerta epidemiológica y se establecen tres estrategias puntuales: monitoreo de viajeros; periodo de búsqueda de casos y contactos; e investigación de brotes comunitarios.

“Ante la comunicación de la entrada al país de 34 viajeros provenientes de China, hecha por Migraciones, se realizó el primer monitoreo y seguimiento de viajeros en torno a COVID-19, dentro de las 24 horas”, recordó la Dra. Rosa Galeano, coordinadora del área de trabajo de campo del Programa de Entrenamiento en Epidemiología de Campo (PEEC). En esa oportunidad se logró contactar a unas 21 personas, en el que se verificó que algunos no provenían de países en riesgo.

Durante el mes de febrero, se llevó a cabo monitoreo telefónico, visitas domiciliarias y toma de muestras a medida que el virus se expandía y crecía la lista de países con transmisión comunitaria.

El equipo de respuesta rápida fue esencial en la vigilancia y respuesta de la COVID-19, “Fue el primer equipo sanitario que se expuso cuando poco o nada se sabía aún del nuevo virus”, destacó la Dra. Galeano.

La Dra. Águeda Cabello, directora del Programa de Epidemiologia de Campo, comentó otro desafío que tuvieron que enfrentar antes de que el virus ingrese a territorio nacional: «Contábamos con un número limitado de equipo de protección personal y era difícil adquirir todos los insumos necesarios por la escasa oferta en el mercado local». Paralelamente se conformó un equipo técnico, del cual formamos parte. Con ellos se trabajó en un protocolo sanitario para el control de viajeros, un flujograma de derivación de viajeros sintomáticos, la ficha de seguimiento, entre otros. En tiempo récord se contó con el protocolo de vigilancia para COVID-19 y se capacitó al personal.

La epidemióloga mencionó que cuando iniciaba el brote de COVID-19 en China, Paraguay atravesaba una importante epidemia de dengue, con cientos de infectados, hospitalizados y fallecidos. Nadie imaginaba que en medio de una epidemia de dengue se avecinaba otra epidemia, la pandemia de un nuevo virus.

Nuevo virus ingresa al país

El 3 de marzo de 2020, ingresa a Paraguay un connacional, de 31 años, procedente de Ecuador, país que en ese entonces aún no declaraba transmisión comunitaria del virus. Tras su llegada al país, retornó a su lugar de trabajo y el 06 de marzo consulta al IPS por síntomas respiratorios (fiebre, congestión nasal, tos, mialgia, dolor de garganta) que ya venía manifestando incluso, antes de ingresar a territorio nacional. El viajero reunía criterios de definición de casos de la nueva enfermedad, por lo que ese mismo día, los médicos de la previsional realizan la notificación del cuadro sospechoso de COVID-19. Al día siguiente, el 7 de marzo se confirma el primer caso positivo de COVID-19 en Paraguay.

Por protocolo de vigilancia, el hombre fue sometido a varios controles y mantuvo un aislamiento de 49 días. Paralelamente se llevó a cabo el seguimiento de contactos, 27 en total que procedían del ámbito laboral (11) y hospitalar (16). De entre los contactos laborales, 5 resultaron positivos, fue donde se registró el primer brote de COVID-19 en el país. Los afectados todos eran sintomáticos, de los cuales, uno requirió una breve hospitalización.

La falta de medidas de protección y el no aislamiento temprano del caso generó el primer brote de COVID-19 en el país detectado por el sistema de vigilancia.

El 9 de marzo de ese año se confirmó el segundo caso de COVID-19. Ante este hecho, el equipo de respuesta rápida se contactó con la familia del caso y se llevó a cabo el árbol de contactos. “Todo fue hecho a pulmón”, recuerda la Dra. Cabello.

Tras el segundo caso, Paraguay se declaró en cuarentena. Fue el primer país de la región en hacerlo, en el que se incluyó aislamiento social, suspensión de eventos públicos y privados de concurrencia masiva, y suspensión de clases. Tiempo después, el 24 de marzo se establecía el cierre total de fronteras y al poco tiempo, el 26 de marzo, por Ley 6524 se declaraba la Emergencia Nacional. Con estas medidas, el país logró retrasar la primera ola.

Con el correr de los meses y al aumentar los casos de infección sin nexo o no relacionado a albergues se asume la transmisión comunitaria del virus.

Investigación de brote

El primer brote de COVID-19 en Paraguay se reportó con la identificación del primer caso de la infección. Del 8 al 22 de marzo de 2020, el equipo de respuesta rápida efectuó el monitoreo telefónico de contactos con el CASO 1, en el que se detectaron 6 contactos sintomáticos, 5 de ellos resultaron positivos a SARS-CoV2. Todos los confirmados pertenecían al entorno laboral del primer caso de COVID-19 en el país. Los nuevos casos detectados presentaron síntomas leves, solo uno requirió hospitalización. El 2 de abril de ese año culminó el brote relacionado con el caso 1.

El equipo de epidemiólogos de campo en entrenamiento, bajo la coordinación de docentes y mentores del programa realizaron investigaciones de brotes registrados en penitenciarias. En Ciudad del Este se efectuó el censo de contactos de los 145 agentes penitenciarios, arrojando 322 contactos y 29 casos. Otro brote se observó en la cárcel de Tacumbú, donde se identificaron 372 casos, 57% en personas privadas de libertad, 40% en agentes penitenciarios y el resto en personal administrativo y personal de salud de la institución.

Se investigaron también brotes ocurridos en un supermercado (464 funcionarios monitoreados, 433 con muestras y 73 casos de COVID-19) y en una matadería (43% de los empleados fueron casos y 16 casos secundarios a partir de estos).

Estudios de seroprevalencia

A finales de octubre, se inició el estudio de seroprevalencia de COVID-19 en el país, con el propósito de evaluar el impacto real de la pandemia y estimar el número de infectados con el virus, principalmente en localidades con mayor incidencia de afectados.

Los trabajos se desarrollaron en barrios de Asunción, Central y en Ciudad del Este – Alto Paraná, con visitas aleatorias para la realización de encuesta epidemiológica y test serológico (prueba rápida de sangre para la detección de anticuerpos producidos tras el contacto con el virus del SARS-CoV2. El estudio en Ciudad del Este se llevó adelante con las brigadas del Programa de Entrenamiento en Epidemiología de Campo – PEEC Py, la colaboración de las Unidades de Salud de la Familia (USF) y el apoyo de la Municipalidad; en Asunción y Central los trabajos se efectuaron con la coordinación del equipo del PEEC Py, en conjunto con profesionales contratados y personal de la XVIII Región Sanitaria, estas actividades estuvieron a cargo de la Dirección de Docencia e Investigación de Vigilancia de la Salud.

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