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Entrenamiento muscular, efecto protector ante cuadros graves de COVID-19

25/02/2021

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  • Estudios muestran que una mayor fuerza muscular se asocia a un menor riesgo de hospitalización, en cambio, un bajo nivel de fuerza en adultos aumenta el riesgo de mortalidad.
  • Tienen mayor riesgo a hospitalizarse, las personas mayores, con obesidad, con enfermedad cardiovascular o renal crónica y con baja fuerza muscular.

La inactividad física es otra pandemia que sale a relucir con el COVID-19. Una publicación hecha por FISSAC sobre Fisiología y Salud, menciona que la hipertensión, la obesidad y la diabetes son patologías que han incrementado su incidencia de forma alarmante por el estilo de vida sedentario, comorbilidades que se asocian a una mayor gravedad tras infectarse por COVID-19. Resalta que las personas con las patologías crónicas mencionadas comparten un elemento común, tienen una baja forma física en la mayoría de los casos.

En un estudio realizado en el 2019 sobre “Asociación entre la fuerza muscular y la mortalidad en poblaciones clínicas: una revisión sistemática y un metaanálisis”, demuestra que el déficit de fuerza y masa muscular predispone al paciente a una respuesta inmune deficiente ante enfermedades graves, entre ellas la transmitida por el virus SARS-CoV2. Se concluye que “esta respuesta inmunitaria deteriorada puede conducir a una mayor mortalidad a corto plazo, a una recuperación más lenta y a un deterioro funcional de los pacientes que consigan superar la enfermedad”, afirmando que la falta de fuerza se asocia a un peor pronóstico en todas las etapas de la enfermedad.

Realizar actividad física de forma regular, ejercitar los músculos es una actividad esencial para mantener el estado de salud, más aún en tiempos de pandemia. La investigación revela que la fuerza muscular se reafirma como un marcador de salud. Esta capacidad física se refleja en dos marcadores: fuerza y capacidad respiratoria, destacando que a mayor fuerza muscular se evidencia un menor riesgo de hospitalización.

Los resultados mostraron que las personas con mayor riesgo de hospitalización eran típicamente personas mayores, con obesidad, con enfermedad cardiovascular o renal crónica y con una menor fuerza muscular. Los pacientes mayores tenían un 70% más de probabilidades de hospitalización debido a COVID-19, mientras que aquellos con obesidad tenían el doble de probabilidades.

La fuerza es también un potente predictor de mortalidad por todas las causas. Para ello, existe un test muy utilizado en epidemiología, el test de handgrip, que mide la fuerza de la mano mediante un dinamómetro. Durante un estudio se analizó la fuerza de la mano de más de medio millón de personas de entre 40 y 69 años, a través del cual se vio cómo la mortalidad por todas las causas aumentaba un 20% por cada 5 kilos menos de fuerza. Además, en el caso de las enfermedades respiratorias, el incremento de la mortalidad llegaba hasta el 30%. Por lo que se asume que a menores niveles de fuerza aumentan también el riesgo de sufrir COVID-19 grave.

El artículo señala que una revisión sistemática con meta-análisis, que analizó a 39.852 pacientes con enfermedades crónicas y a pacientes en estado crítico, estudió la relación entre los niveles de fuerza y la mortalidad. Los resultados mostraron que los bajos niveles de fuerza pueden duplicar el riesgo de mortalidad en pacientes críticos, en cambio en el que aumentó niveles de fuerza (5kg) disminuyó el riesgo de mortalidad un 22%.

En este contexto, el Lic. Eduardo Enciso, jefe del Departamento de Control y Factores de Riesgo del Ministerio de Salud aconseja, además de la caminata diaria, realizar ejercicios de fuerza, ya que está demostrado que mejora la salud y fortalece el sistema inmunitario para hacer frente al COVID-19 y otras enfermedades. Sugiere realizar ejercicios de fuerza de 2 a 3 veces por semana como mínimo para mantener el cuerpo saludable. Entre los ejercicios que recomienda incluir en la práctica de entrenamiento se hallan: sentadillas, flexiones de brazo, subir y bajar escaleras, mover muebles, alzar bolsas de supermercados, etc.

Pide, en lo posible, asesorarse con un profesional del área (profesor de educación física o licenciado en ciencias del deporte) para mejorar la planificación del entrenamiento, que se ajustará a la condición física de cada persona.

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