Cada 11 de octubre, Paraguay conmemora el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad, una fecha que busca sensibilizar a la población sobre el impacto de esta enfermedad y fortalecer las acciones para su prevención, detección temprana y tratamiento integral.
La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial. Su desarrollo está relacionado con factores biológicos, ambientales, sociales, económicos y culturales. Por ello, prevenirla no depende únicamente de las decisiones individuales, sino también de las condiciones en las que las personas nacen, crecen, trabajan y viven.
Una realidad que comienza desde la infancia
En Paraguay, el 69,3% de la población adulta presenta exceso de peso, según la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles (ENFR-2022).
Esta situación también afecta a niños, niñas y adolescentes. Datos del SISVAN-INAN 2024 muestran que el 34,6% de la población de 5 a 19 años presenta exceso de peso: 20,9% sobrepeso y 13,7% obesidad.
A esto se suman otros hábitos que requieren atención. Entre los adultos, solo el 3,9% consume la cantidad recomendada de frutas y verduras y el 36,3% no realiza suficiente actividad física (ENFR-2022). Entre los niños, niñas y adolescentes, solo el 27% realiza al menos 60 minutos de actividad física al día y apenas el 7,5% consume frutas y verduras cinco o más veces al día. Además, 6 de cada 10 consumen bebidas gaseosas diariamente y el 34% pasa tres horas o más al día en actividades sedentarias (GSHS-2017).
Estos datos muestran que prevenir la obesidad requiere actuar desde edades tempranas, promoviendo hábitos saludables y creando entornos que faciliten una alimentación adecuada, más actividad física y menos tiempo sedentario.
Prevenir también es transformar los entornos
La prevención comienza desde los primeros días de vida y continúa a lo largo de todo el curso de vida, mediante la promoción de la lactancia materna, una alimentación adecuada, la actividad física, el consumo de agua y el acceso oportuno a los servicios de salud.
En este sentido, Paraguay ha desarrollado herramientas y políticas orientadas a mejorar los entornos alimentarios y proteger la salud de la población. El desafío es continuar fortaleciendo su implementación, articulando acciones entre salud, educación, municipios, comunidades y otros sectores.
Asimismo, luchar contra la obesidad implica evitar el estigma y la discriminación. El acompañamiento debe centrarse en la salud y el bienestar de las personas, con respeto y basado en evidencia científica.

